En una primera incursión realizada por el
centro de Madrid, encuentro un coqueto restaurante a la espalda
del principio de la Gran Vía. Su nombre, La Espiga Verde,
en el numero 5 de la calle Flor Baja, posee unas pequeñas
escaleras a la entrada que nos van anticipando el cálido
trato que otorgan. La amabilidad de Miguel, el maitre, nos recibe
y acompaña hasta la mejor mesa, pues donde se esta a gusto
y se come bien es la mejor mesa, deleitándonos por la elección
realizada para una placida velada.
Los toques decorativos campestres de la sala consiguen abstraernos
y transportamos lejos de la selva urbanita en que se encuentra el
local, pues la zona, pleno centro de Madrid, muestra con toda su
aspereza la hostilidad y a la vez el encanto de la “gran ciudad”.
Acerca del yantar,( y no me refiero al antiguo tributo que pagaban
los habitantes de los pueblos para el mantenimiento del soberano
y del señor cuando transitaban por ellos) mas bien me propongo
argumentar la apasionada vocación con la que ejercen su oficio
Esther y Carlos, pareja de hecho y co-hecho que llevan a cabo en
la cocina. Es acertada y celebrada su atención por la cocina
ligera, sencilla, sin perderse en grandes recorridos para llegar
a la plenitud de los sabores de la materia prima del plato, y eso
es, simplemente, buena cocina.
Especial cuidado a la temporada del producto, con cuidada técnica
logrando hacer que sea digestivo y sano todo lo que comamos dando
lugar a una buena comida que era recordada con placer.
El” menú del mediodía “: equilibrado,
ligero........tanto de elaboración como de precio, es de
agradecer por aquellos obligados a comer siempre fuera de casa.
Posee el inconveniente de la fama adquirida por “los oficineros”
de la zona lo que hace que si no espabilas te tocara esperar para
coger mesa, pero merece la pena para comprobar la diferencia con
el entorno.
Seguiré informando de nuevas aventuras y descubrimientos.........CIAO.
La Cocina de Ricard®-2003
|