Nos encontramos en la estación otoñal
y un producto llega en todo su esplendor a nuestra cocina: “la
seta”, pero este año, debido a las desfavorables condiciones
climatológicas existentes para su crecimiento, la temporada
dada, va a ser muy limitada en contraposición a la disfrutada
el año anterior. Su misterioso nacimiento a la sombra de
bosques y prados, despierta en los devotos a su recolección,
la mejor de las excusas para salir tempranamente en su búsqueda
y pasar una magnífica mañana de campo.
Nosotros vamos a disfrutar de ellas, pero en la cocina. Para la
adquisición de las especies mas comunes (Boletus, Níscalos,
Amanitas, Cantarelas, Senderuelas......) donde mejor que en el mercado
del barrio, allí nos sabrán aconsejar y tratar con
el cariño de siempre. Solo una precaución, desechar
aquellas que desconozcamos su variedad o su origen y no estén
del todo frescas.
Empecemos a jugar con ellas: previamente pese al consejo de los
expertos de limpiarlas únicamente con un paño húmedo
para conservar más sus aromas, es preferible pasarlas por
un buen chorro de agua en aquellas que presente dificultad para
eliminar los posibles restos orgánicos y curarnos en salud.
Tras los primeros cuidados, nos ponemos manos a la obra.
Tenemos las tradicionales elaboraciones: a la plancha con su sofrito
de ajo y jamón, las salteadas con ajito y perejil y añadidas
sobre unos huevos estrellados, donde como plato principal o guarneciendo
alguna caza o incluso pescado darán un gran juego en nuestra
mesa.
Pero poniéndonos a imaginar..... darlas un golpe fuerte,
pero corto, de sartén con aceite de oliva y añadírselas
casi al final de la cocción de esas lentejas o esas judías
que creíamos inmejorables. Vamos a realizar un risoto (arroz
meloso ligado al final con un poco de nata y queso) de setas con
nuestras verduras preferidas y alguna hierba aromática al
gusto, ¡digno de los mejores chefs!. Y elaborar una crema
a partir de patata asada, algún hongo y caldo de ave, quedará
tan exquisita que deberemos rebajarla con un chorrito de nata. Me
emociona conjeturar como quedaran añadidas al tradicional
pisto manchego, o como ensalzaran sus cualidades inmersas en una
salsa de tomate que napará nuestra pasta distinguida.
Como podemos observar, un sinfín de peripecias nos brindan
las queridas amigas, ya es solo cuestión de ponernos en acción
y seremos capaces de crear, a partir de las recetas tradicionales,
nuestras variaciones personales, dándonos el placer como
cocineros de firmar nuestra obra.
Para su acompañamiento con el vino, numerosas posibilidades
pero a mí, los tintos jóvenes, recios, con cuerpo,
le van de miedo.
Su verdadero valor gastronómico reside en su aroma y sabor
a bosque pues el valor nutritivo es escaso, contiene menos proteínas
que la carne o el pescado y son difíciles de digerir si nos
excedemos en su consumo, ricas en materias minerales (potasio, fósforo
y calcio), contienen nada más que unas 25 kilocalorías
por cada 100 gramos, excelente para dietas ligeras.
Como vemos es un producto en auge, versátil, de plena temporada,
que nos dará mucho juego y alegrías en nuestra cocina,
siendo un motivo más de disfrute en esta querida pasión
que es la gastronomía.
La Cocina de Ricard®-2003
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